¿por qué una médica exitosa comía arroz con huevo?
Ana me llamó un martes por la tarde. "Necesito ayuda con algo que sé que suena irracional", me dijo desde el primer momento. "Soy médica, trabajo en una clínica privada, gano bien. Pero no puedo gastar dinero. Literalmente no puedo."
Le pregunté qué significaba ese "no puedo". Su respuesta me dejó helada: "Como arroz con huevo casi todos los días. No porque no tenga dinero, sino porque cada vez que voy a comprar algo mejor, algo en mi pecho se aprieta. Me entra pánico."
Ana había probado de todo: terapia cognitiva, coaching financiero, talleres de abundancia. Nada había funcionado porque el miedo era más fuerte que su lógica.
El miedo que la lógica no puede tocar
Cuando hablamos más, Ana me confesó algo que nunca le había dicho a nadie: "Nunca quise tener hijos. Cuando imagino tener que alimentar a un niño, me entra un terror que no puedo explicar."
Ese fue el momento en que supe que necesitábamos ir más profundo. Los miedos irracionales casi siempre tienen raíces más antiguas de lo que imaginamos.
Lo que reveló la regresión
Durante la sesión, guié a Ana hacia un estado profundo de relajación. Lo primero que sintió fue un frío intenso. Empezó a temblar aunque en mi consultorio hacía calor.
"¿Dónde estás?" — pregunté.
"En una casa. Oscura. Huele a humedad. Está todo húmedo y frío... Tengo dos niños pequeños. Están llorando. Tienen hambre."
Su voz cambió completamente. Ya no era la Dra. Ana; era una madre desesperada en medio de una posguerra. "No tengo qué darles de comer. Hace días que solo toman agua con un poco de pan duro. Mis hijos se están muriendo y yo no puedo hacer nada."
La comprensión que sana
Al regresar a su conciencia actual, Ana lo entendió todo: "Por eso no quiero hijos. No es mi carrera. Es el terror a no poder cuidarlos. Y por eso trabajo tanto; ganar dinero es estar 'segura', aunque nunca lo gaste."
Ese miedo era real y válido para aquella mujer en la posguerra, pero ya no para la Ana de 2026. Al identificar el origen, el nudo en su pecho comenzó a soltarse.
El camino hacia la libertad
Los cambios fueron reales y profundos:
- A las tres semanas: "Compré salmón fresco. Lloré mientras comía porque por primera vez no sentí ese peso."
- A los dos meses: "Me compré un vestido que me gustó. Esperé el pánico, pero no vino."
- A los seis meses: "Estoy aprendiendo a vivir, no solo a sobrevivir."
La terapia de regresión no es magia; es acceso a información profunda. Cuando comprendes de dónde viene tu miedo, este pierde su poder sobre ti.



