"Para mí siempre es de noche": Lo que descubrí en mi propia regresión

Llevo 13 años guiando regresiones a vidas pasadas.

He acompañado a cientos de personas en ese viaje hacia memorias profundas que explican su presente. He sido testigo de transformaciones increíbles. Pero hay una regresión que nunca olvidaré: la mía.

Barcelona, hace 13 años

Estaba en Barcelona, haciendo mi formación en terapia regresiva en el Instituto Scharovsky. Como parte del entrenamiento, todos teníamos que experimentar nuestra propia regresión.

Recuerdo estar acostada en esa camilla, escuchando la voz de mi instructor guiándome. "Deja que tu mente te lleve a una memoria que tiene influencia en tu vida actual", dijo. Y entonces… nada.

"¿Dónde estás, María?", preguntó mi instructor. Silencio. No veía nada. Absolutamente nada. Solo oscuridad. Me sentí frustrada. "No veo nada", admití tímidamente.

"Está bien", dijo él con paciencia. "¿Qué percibes? ¿Qué sientes?"
"Siento… hay una puerta. Estoy tratando de abrirla. Pero es difícil."
"¿Qué edad tienes?"
"Soy una niña. Como de ocho años."
"Describe el lugar."

Y ahí fue cuando salió. Como un golpe. Como una revelación que me rompió por dentro.

Las palabras de una niña en la oscuridad

Entre sollozos que me sorprendieron a mí misma, las palabras salieron de mi boca. Pero no era mi voz de adulta. Era la voz de una niña pequeña, confundida: "No puedo describir el lugar… porque soy ciega." El llanto se apoderó de mí.

"Para mí siempre es de noche."
Regresión a Vida Pasada

Esa simple frase de una niña que nunca había visto un amanecer. Que no conocía los colores. Que vivía en una noche perpetua y ni siquiera sabía que existía otra cosa. Para ella, la oscuridad no era la ausencia de luz. Era todo lo que conocía.

Una vida en la oscuridad que se convirtió en comprensión

Las escenas vinieron después, no como imágenes, sino como sensaciones, sonidos, olores, tacto. Sentí cómo crecí. Cómo esa niña de ocho años se convirtió en mujer. Sentí las manos de mi esposo tomando las mías por primera vez. Escuché las risas de mis hijas jugando. Olí el pan horneándose. Y sentí mi muerte. Ya anciana. Rodeada de todos mis seres queridos. Una muerte en paz. Rodeada de amor.

La comprensión que lo cambió todo

Cuando salí del estado de regresión, mi instructor me preguntó: "¿Qué relación ves entre esa vida y esta?" Las lágrimas volvieron. Pero esta vez de comprensión, no de dolor.

En aquella vida no tuve vista física. Viví en oscuridad completa. En esta vida, trabajo ayudando a personas a "ver" lo que no pueden ver conscientemente. A acceder a memorias ocultas. A comprender patrones invisibles.

Cómo cambió mi forma de trabajar

Desde esa regresión, trabajo diferente. Cuando alguien me dice "no veo nada", ya no me preocupo. Sonrío. Porque sé exactamente lo que se siente. Yo tampoco vi nada en mi regresión más importante. Y aun así fue la experiencia más reveladora de mi vida.

Por qué comparto esto

  • Primera: Para que sepas que yo también he estado ahí. He caminado este camino. He llorado en esa camilla.
  • Segunda: Para que entiendas que las regresiones no siempre son lo que esperas. A veces no ves nada… y esa es exactamente la información que necesitabas.
  • Tercera: Para honrar a esa niña que fui. Que vivió toda su vida en la noche. Que nunca se rindió.

¿Sientes que hay algo en tu historia que necesitas "ver"?

Agendar mi conversación exploratoria gratuita